MI TRISTE CAUTIVERIO

“En mi triste cautiverio y con el aniversario de mi centenario cumplido, solo espero que la justicia enmiende lo que la sinrazón política y la usura empresarial, nunca debió sentenciar”.  

La Monumental de Barcelona

Presentación2

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EL REGALO TAURINO

El regalo taurino de estas navidades es la histórica trilogía de LA MONUMENTAL DE BARCELONA. Un siglo de hazañas, sucesos, triunfos, fracasos y desgracias, una apasionante crónica de la memoria de España y de la ciudad de Barcelona.

De obsequio con la trilogía el fabuloso DIARIO DE LA GRAN DAMA, un sorprendente relato humano, contado por la propia Monumental de Barcelona.

La Monumental de Barcelona 2

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Cronistas y Fotógrafos

Mi pequeño homenaje a los cronistas y fotógrafos, que me guiaron para realizar mi trilogía histórica sobre La Monumental de Barcelona. No están todos con los que he contado a lo largo de 7 años, pero si una buena parte de ellos. Este es un sentido visual, al que yo mismo le he compuesto la música.

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Miguel Espinosa Armillita

Con la muerte de Miguel Espinosa Armillita, México y el mundo taurino, pierde un torero de distinguidas formas, que supo glorificar el apodo dinástico de su familia. D.E.P.

El maestro Miguel Espinosa Armillita junto a Sonia Sevilla y un servidor. Fotografía tomada en Barcelona.

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LA VENTA LOS CABALES

CAIRELES 2017 AA

Este es mi pequeño homenaje a Manolete en la revista Caireles 2017. Un relato de fabulosa invención, construido con datos y fechas reales de la memoria taurina. Estoy muy agradecido a don Fernando del Arco (director de Caireles), por ofrecerme la oportunidad de evocar la vida de un torero irrepetible de forma tan imaginativa.

La Venta los Cabales

Existe una historia, que asegura que en lo más alto de la sierra cordobesa, se glorifica una Venta llamada Los Cabales, donde suele parar lo más granado de la tauromaquia. Entre los escasos testigos que han podido ver la encalada fachada del regio santuario táurico, coincide la opinión que el lugar lo frecuentan insignes espadas, destacando nombres ilustres como el de Pedro Romero, Costillares, Paquiro, Lagartijo, Espartero, Guerrita, Reverte, Montes, Joselito, Belmonte, Granero, Marcial, Ortega, los Bienvenidas, Manolete, Puerta o Paquirri entre otros. Incluso los últimos testimonios de los que se tienen constancia, murmuran haber visto entrar la espigada figura del joven Víctor Barrio.

Se desconoce por completo como es la estancia por dentro, su empaque decimonónico impone tanto respeto, que ningún testigo ha osado cruzar el umbral de su entrada. Todos se quedan anonadados en su exterior, mientras desde su interior, resuenan las más conmovedoras epopeyas de aquellos hombres cabales, que dedicaron su vida con diferente fortuna, a burlar la muerte con el cándido vuelo de unas telas. La única prueba existencial de tan inaudito lugar, se encuentra en la narración de los testigos y en los apuntes pictóricos de trazo difuso que esbozaron algunos de estos. Tampoco se tiene constancia alguna, que tan enigmático cónclave tenga una localización fija, o que entre los testigos se haya repetido un segundo avistamiento del paraje, lo que supone todo un misterio de difícil explicación.

Un arriero de Piedra Luenga llamado Diego Pinalo, se encontró en 1948 con la Venta mientras transitaba con sus mercancías, por el paso del alambique con dirección a Hornachuelos. Diego aseguró, que la blanqueada edificación se situaba a unos metros del camino, en una planicie rodeada de abundante arboleda. Para Diego su avance era algo inquebrantable, pero la charla que mantenían en el umbral de la casona, varios hombres vestidos con elegante costura, le hizo detener el paso. Al fijar la mirada en aquel corrillo humano, se quedó petrificado al reconocer entre los tertulianos a Manuel Rodríguez Sánchez, Manolete y a José Gómez Ortega Joselito el Gallo. A Diego el semblante de Manuel le resultó familiar, pues lo había visto en varias ocasiones por las calles de Córdoba, mientras que a José lo identificó por la devoción que siempre le profesó su padre, quien entre sus posesiones más queridas, guardaba varias fotografías del pequeño de los Gallos. Según mantuvo Diego a lo largo de toda su vida, aquella reunión que el destino cruzó en su camino, se deshizo al poco de detener su paso y en el portal de aquella recóndita venta, solo quedaron José y Manuel, el primero ataviado de lujoso traje corto y el segundo con distinguido traje de americana cruzada. El arriero contó miles de veces, que a causa de la distancia que le separaba de aquellos dos prodigios de la tauromaquia, la charla de estos era prácticamente ininteligible para él, con lo que decidió acercarse con sigilo, amparado por la frondosa vegetación del terreno. Cuando logró situarse en un lugar bien protegido, se dejó llevar por la insólita conversación de aquellos dos hombres de seda y oro. Lo que escuchó aquel sencillo arriero de Piedra Lengua, hoy forma un epigrama indeleble de la historia de este país:

-Sí Manuel, yo conocí a tu padre y toreé varias veces con él. Recuerdo un mano a mano que disputamos en la plaza de Acho (Lima) y también un reñido partido de fútbol que se improvisó en el mismo ruedo, con las cuadrillas en mangas de camisas.

-¡Vaya maestro! Le agradezco que me hable de ello, prácticamente no lo conocí, murió cuando yo contaba poco más de seis años.

-Lo sé Manuel, la carrera de tu padre no fue nada fácil, los delicados problemas de visión que padecía, no le permitieron desarrollar su toreo con normalidad. ¿Sabes que yo también perdí a mi padre cuando tan solo contaba dos años?

-Sí que lo sabía. Las filigranas que su padre firmó con los engaños, son un mito de la torería, yo he oído contar verdaderas maravillas del señor Fernando. Otra cosa que también se comenta de usted en todos los círculos taurinos, es la devoción mariana que sintió por su madre, la señá Gabriela. Dicen que su pérdida le causó tal pesar, que su cara se ensombreció.

-Vaya que sí… fue un revés del que nunca me repuse. Llevé luto por su muerte dentro de casi todas las plazas. En la calle mi duelo lo representó la melancolía de mi rostro. La orfandad en la que me dejó fue muy dolorosa. Fue ley de vida perderla… aunque a mí, me venció su desaparición. Tú sin embargo Manuel, tuviste la terrible desgracia de invertir el proceso natural de la vida. El luto de tu familia lo lleva tu madre por ti, un quebranto irracional del que doña Angustias no encuentra consuelo alguno.

-No sabe usted el profundo sentimiento de culpabilidad que siento por ello. Tiene que tener en cuenta que mi madre enviudó de dos toreros y el único hijo varón que tenía vivo, también se le ha ido de forma prematura.

-Manuel tu legado es demasiado grande para lamentarse por nada, el dolor de tu madre se justifica también por eso. Ella no solo ha perdido un hijo, además ha perdido un torero irrepetible que el destino le dio en forma de niño.

-¡Maestro me halaga usted!

-Nosotros tenemos algunas cosas en común, lo que me permite comprender tu situación muy bien. Yo pude ver en los ojos de mi madre, el orgullo tan grande que sentía cuando alguien le relataba los prodigios de Rafael, o le exaltaba las virtudes de su José, y con esa inmensa satisfacción se marchó. En cambio doña Angustias, no podrá olvidar el trágico final de tus días.

-Bien lo sabe usted que ese suplicio, la perseguirá toda su vida -mientras pronunciaba esas palabras, Diego observó como el gesto de Manolete palidecía y con amarga expresión continuó diciendo-, es curioso que entre esos parecidos que usted dice que tenemos, destaque el terrible rechazo que sufrimos cruelmente, por nuestra relación amorosa. Usted con Guadalupe de Pablo Romero y yo, con Antonia Bronchalo Lopesino, Lupe Sino. A usted el rancio abolengo familiar le impuso un clasismo incomprensible y atroz, y a mí, las malas lenguas movidas por un egoísmo de rebosante codicia, me atormentaron sin piedad, para devastar la felicidad que había encontrado junto a Lupe.

-Y otra cosa Manuel… que llegado el final de temporada, los dos teníamos la ilusión de poder unirnos en matrimonio, a pesar de las tremendas dificultades que se oponían. Tantos deseos por concluir la temporada y el aciago destino nos estaba esperando en el modesto ruedo de un pueblo, donde todos creen que los toros no hieren, y donde resulta, que hasta matan con una verdad categórica.

-¿Qué destino más horrendo, no, maestro? Conseguir como toreros los ansiados laureles del éxito, y como personas, tener que sufrir una desolación tan desgarradora.

-Sí que es una trágica vivencia… A mí la discriminación de clases me detestó de tal manera, que hasta para celebrar mis exequias en La Catedral de Sevilla, tuvo que salir en mi defensa la incondicional pluma del canónigo don Juan Francisco Muñoz y Pabón, ya que la burguesía sevillana, aquella que tanto aplaudió mis actuaciones, se negó a que el templo sevillano presidiera mi último responso.

-Pues mire lo que me pasó a mí. En Córdoba me llegaron a insultar con tanta saña, que tuve que prescindir del ruedo de los Tejares. El día de mi entierro, todos aquellos que me vilipendiaron en vida, lloraron sin consolación mi muerte, echándose a la calle y uniéndose al tumulto humano que desbordó las calles de Córdoba. Tan numerosa fue la multitud, que el retraso de la comitiva fúnebre hizo que mi inhumación, tuviera lugar casi con la noche cerrada cubriendo el cielo cordobés.

-Por fortuna para nosotros Manuel, nuestra herencia es la fervorosa devoción de innumerables toreros, músicos, pintores, escritores, aficionados y un largo etcétera de personas de toda índole y color. Ahora enumera cuantas fotografías se veneran de la aristocracia sevillana, o cuantos libros se han escrito de esos malajes que ultrajaron tu figura.

-¡Pues no sabría decirle ni uno!

-Mira… yo recuerdo una instantánea que me hizo Manuel Mateo en Barcelona, que no podría calcular la cantidad de veces que la vi en peñas y clubs. En la imagen salgo sentado en el estribo de La Monumental de Barcelona, vestido de luto por la muerte de mi madre.

-Conozco esa fotografía de la que me habla, desde luego su cara refleja con claridad la tristeza de su alma. A mí ese mismo fotógrafo y en esa misma plaza, me inmortalizó dando un pase natural a un Miura de considerable altura y las reproducciones han sido muy cuantiosas.

-No cabe duda que esa imagen de Mateo, a pesar de carecer de movimiento, refleja muy bien la revolución de tu toreo. En ella se percibe con nitidez una nueva concepción del toreo, inverosímil en mi época. La distancia, la verticalidad, la mano baja, el perfil de tu figura con respecto al toro o el giro en redondo del pase, un conjunto de cualidades que han transformado el concepto en la lidia.

-Le recuerdo maestro, que el primer torero que esbozó el toreo ligado y en redondo, fue usted.

-Sí Manuel, aunque de forma muy primitiva y exponiendo una barbaridad en el empeño. En mi tiempo y con un animal que apenas se picaba, era muy difícil alcanzar ese talante frente al toro, ni el incendiario aplomo de Juan, pudo alcanzar esas cotas tan innovadoras tuyas. Y ya no te digo, el extraordinario mérito que tiene, estar superior frente a la mayoría de toros lidiados. Eso es un hito que será difícil de superar… -en esos momentos según el relato de Diego, José fue interrumpido por una voz que lo llamaba a gritos, a lo que el diestro contestó- estoy aquí, en el portal…

De pronto se abrió el portón de la Venta y tras ella apareció una figura bajita pero bastante corpulenta.

-José… -y sorprendido por la escena que se encontró, exclamó con asombro y admiración- ¡hombre Manuel!… –y enseguida intervino José-.

-Manuel te presento a Blanquet… -Manuel dibujó una larga sonrisa en su rostro y dirigiéndose al recién llegado le dijo-.

-¡Qué placer más grande conocerlo Enrique!

-El placer es sin duda mío maestro, bienvenido a la Venta. -dijo el subalterno valenciano y agregó- José, el maestro Guerrita nos está esperando en la mesa para comer.

-¿Rafael está dentro? -preguntó Manuel-.

-Sí, Manuel -respondió José y después de una sonora carcajada, añadió- y conviene no hacerle esperar mucho.

Esas fueron las últimas palabras que Diego oyó de tan insólita charla. Después los tres hombres se perdieron tras el viejo portón de la Venta y este aprovechó el momento para salir a toda prisa de su escondite. Perturbado emocionalmente, llegó donde había dejado sus mercaderías y emprendió la marcha con urgencias, perseguido por una sensación de incredulidad y miedo, recordando cada una de las palabras que aquellos hombres habían pronunciado, sin advertir su presencia. Diego, silenció el suceso varios años por temor a ser calificado de chalado, pero una sucesión de testimonios que aseguraban haber visto la Venta, lo revistió de valor para contar la sorprendente reunión de espadas que presenció.

Un relato de José Luis Cantos Torres

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MANOLETE EN BARCELONA

Un apunte histórico.

Último paseíllo de Manolete en La Monumental de Barcelona.

6 de julio de 1947, junto a Gitanillo de Triana y El Andaluz.

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Victorino Martín Andrés

Victorino Martín Andrés

La distinción de un estilo característico.

De cárdeno franciscano y verdad, vistió toda su vida, evaporando fragancia Saltillo-Albaserrada, lo que fascinó por su torería y espantó por su gallardía. Hombre de campo con mente de sabio, apostó por la integridad y la honradez, valores que ensalzaran siempre su recuerdo. No gustaba de dejar solo al mayoral en la plaza donde lidiaba, así se lo confesó a don Antonio Santainés: “Recuerdo un año que coincidía la corrida de Logroño con la de Valladolid, y les dije, o me cambiáis la fecha o a uno de los dos, la corrida no os la doy. Y me cambiaron la fecha”.

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NO TE OLVIDAMOS

Hoy no olvidaré la grandeza de mi querida Monumental y de todos aquellos que soñaron con cruzar su escenario terroso. Se cumplen seis años de cautiverio totalitario, impuesto por unos monarcas sin trono y por sus sucesores, unos enajenados que hacen inviable su obertura, dada la tensión institucional en la que han sumido esta tierra, que un día fue ejemplo de progreso, bienestar y armonía social.

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Una confidencia inédita

De nuevo retomando la escritura de mi próximo libro. De tema taurino, la obra será una confidencia inédita, que asombrará por su contenido.

ABB

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FELIZ VERANO

LA MONUMENTAL DE BARCELONA
Su nacimiento, su gloria, su cenit y su decadencia

Fondo Pantalla

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