LECCIÓN TAURÓMACA

Después de la conmemoración del centenario de la plaza El Sport, y con la despótica prohibición a la que ha sido postrada, por aquellos mismos que se levantan en enfervorecidos defensores de la historia de Cataluña, quiero hacer unas reflexiones al respecto.

Si algo me ha enseñado la tauromaquia, es que la muerte es parte indisoluble de la vida. El destino final de la vida es la muerte, de eso no cabe duda alguna.

Para mí la vida es lo más preciado que posee el ser humano, por eso el afán de enfrentarse a un toro bravo para ser figura del toreo, lo veo como un acto heroico, cargado de mérito y dignidad. Perder la vida en la flor de una existencia, como la perdieron Manuel Granero (20 años), José Cubero el Yiyo (21 años), Joselito el Gallo (25 años), Manuel García el Espartero (29 años), Manuel Rodríguez Manolete (30 años), Francisco Rivera Paquirri (35 años), y tantos otros que por su modestia no están en los titulares, pero que al fin y al cabo también pasaron a la dimensión desconocida, es una gesta que muestra de forma nítida, el estrecho filo de la navaja que separa la sombra de la luz en este difícil arte. Y esto sucede con la única implicación de toro y torero, sin utilizar masas manipuladas, o bien alimentadas que dan la cara y reciben el golpe, que merecen los que se esconden tras el telón de la manipulación.

Claro que para algunas personas, mi escrito puede ser una ofensa despreciable, pero es que para mí, no tiene la misma altura un animal que una persona humana, aunque hay personas que tengan peor condición que las fieras, pero ese es otro tema. Cuando el mundo en que vivimos sea un paraíso idílico, sembrado de utopías a las que tanto hacen referencia los detractores de la tauromaquia, tendré que reconocer que es el momento de desvincularse de la tauromaquia, pero en tanto la fijación animalista sólo se vuelque con el toro bravo, y para estos no existan moscas, mosquitos, cucarachas, arañas, gallinas ponedoras, pesca deportiva, y un largo etcétera, la única conclusión que saco es una obsesión bien alimentada y dirigida por intereses muy bien planteados.

Nunca se me ocurrirá a mí igualar la vida de un animal a la de una persona humana, eso es una grave percepción de los valores como ser humano, y es curioso que sobre este tema uno de los primeros dirigentes que sacó leyes protectoras para los animales, fuera el genocida Adolf Hitler.

Adolf Hitler, el amante de los animales.

Adolf Hitler, el amante de los animales.

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de joseluiscantostorres

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