EL DIARIO PERDIDO DE LA GRAN DAMA

Aquí les dejo el extracto que la revista Caireles publicó en exclusiva, sobre el Diario Perdido de la Gran Dama, un hallazgo sin precedentes en la historia de una plaza de toros. El perfil más humano de nuestra querida Monumental. Escrito de su puño y letra. Un Diario de sentimientos íntimos. Un hallazgo que sin duda valió la pena el esfuerzo y el tesón que me costó encontrarlo.

José Luis.

EL DIARIO PERDIDO DE LA GRAN DAMA

El Diario de La Gran Dama.Quiero dejar por escrito como fue mi nacimiento en la progresiva y frenética Barcelona de 1914. Mis padres, abuelos, bisabuelos, y así, un largo árbol genealógico que se remonta al siglo XIV, no tuvieron un emplazamiento fijo en Barcelona, su vida transcurrió sin una fachada fija que caracterizara su semblante. Yo fui la pequeña de tres hermanas, que sí tuvimos esa gran suerte de lucir una fisonomía estable en la ciudad. Mi hermana mayor fue La Barceloneta y mi hermana mediana, Las Arenas, mientras que a mí, me bautizaron en primera instancia con el nombre de El Sport.

Mi gestación se inició a finales de 1913, gracias a la iniciativa de la Sociedad Anónima El Sport, formada por los señores Alba, Guarner y Castillo. De la mano del arquitecto Manuel Joaquín Raspall, poco a poco mi estructura fue cogiendo forma, en los terrenos que cercaban las calles, Marina, Gran Vía, Lepanto y Diputación, propiedad de Rosario Segimón Artell, aunque fue su marido Pedro Milá i Camps, quien se encargó de tramitar los arriendos.La construcción de la plaza El Sport.

Con las primeras brisas del mes de abril de 1914, mi germinación invernal había llegado a su fin, siendo concretamente el día 12, cuando mis ojos se abrieron por primera vez, para mostrarme el distrito norte de Barcelona, conocido con el nombre del Ensanche Derecho. Las primeras vistas que obtuve de los terrenos de mi alrededor, me mostraron un paisaje de cultivo, con poca edificación, pero eso sí, con la maravillosa silueta de la obra cumbre del inigualable arquitecto Antoni Gaudí, La Sagrada Familia. La Sagrada Familia en 1915.Su majestuosidad de lenta progresión, se levantaba muy cerca de mí para regocijo de mis tiernas pupilas. Como dato curioso y casual, en la misma acera de la Gran Vía, pero en el extremo opuesto, se erigía lozana mi hermana Las Arenas.

Mi llegada a este mundo no pudo ser más emocionante. Un bautizo de alto copete apadrinado por 8 toros de Veragua y la coletería andante de Vicente Pastor, Manuel Mejías Rapela Bienvenida, Curro Vázquez y Serafín Vigiola Torquito, todo un lujo de celebración, que se coronó con el recibimiento extremadamente cortés, que me tributaron las 11.172 almas que llenaron por completo mi regazo.

Esa solemnidad, fue algo más que mi puesta de largo, fue el distintivo que galardonó a la Ciudad Condal, como la única población taurina que ha albergado en su núcleo urbano tres plaza de toros, con una más que considerableCartel inagural de El Sport, 12-4-1914 actividad taurómaca en sus tres ruedos.

Aunque el acto fue de postín, ese día mi hermana Las Arenas, no pudo cesar su actividad, ya que sus celadores programaron la actuación de Regaterín, Manolete (padre) e Isidoro Martín Vázquez con toros de Guadalest. Sí que lo hizo La Barceloneta, quien siguió los ecos de todo el evento desde su emplazamiento, en el salino barrio de marineros.

Al caer la noche, con la oscuridad de las penumbras sobre mí y con el silencio de la madrugada como compañero, me sentí muy regocijada con el recibimiento que me había tributado la capital catalana. Fue encantador sentir tantos piropos mimosos y ser el centro de atención de los numerosísimos flases y objetivos fotográficos, que quisieron dejar constancia de mi sacramento inaugural.

Después, sin pausa, arrancó la temporada para la que fui concebida. Mi segunda recepción, trajo a mi tapete arenoso, el porte hechicero de Rafael el Gallo y de su hermano José, la cátedra de ciencia taurina más perfecta. Tampoco faltaron en sucesivas comparecencias, la revolución de conceptos de Juan Belmonte, ni la obsesión por los adentros de Sánchez Mejías, como la encerrona que protagonizó con triunfante son, el valiente diestro gallego, Alfonso Cela Celita.

Un bonito recuerdo guardo de la primera figura que paseó una oreja por mi platea. Este no fue otro que el mismísimo Divino Calvo. ¡Ay Rafael de mi vida!, cuando las musas de la inspiración artística se apoderaban de tu ser, que difícil era hacerte sombra.

Ilustración de la grave cogida de Joselito el Gallo.Tampoco faltaron percances en este, mi primer año de vida. Lamentablemente vi caer herido en varias ocasiones a Juan Cecilio Punteret, al gaditano Sebastián Suárez Chanito e incluso, al mismísimo Joselito el Gallo, quien olvidó una asignatura de su perfecto magisterio, y el toro Coletero de Pérez de la Concha lo abatió de gravedad cuando ejecutaba la suerte suprema.

El domingo 11 de octubre Gallo y Gallito, tiraron del telón de mi temporada, llegando así a la clausura de mi primer curso taurófilo. Yo no podía estar más satisfecha de lo acontecido, pero entonces una cadena de sucesos dieron paso a lo que nunca me hubiese imaginado. Es curioso lo que a veces depara el destino, cuando menos te lo esperas puede darte un vuelco la vida, y te cambia todos los esquemas que te habías fijado.

La joven y coqueta Plaza El Sport.Todo se precipitó cuando a finales de 1914, un frente muy activo de lluvias descargó con intensidad sobre la capital catalana. Los aguaceros dejaron maltrecho parte de mi regazo, y esto fue un motivo para que Pedro Milá i Camps tomara cartas en el asunto, destituyendo previa indemnización, a la Sociedad que fomentó mi lanzamiento. Otro motivo que no se le escapó al audaz marido de la Sra. Segimon, fue el incremento de aficionados que se contabiliza en la ciudad, esto unido a la irrupción de Joselito y Belmonte, la llamada Edad de Oro del Toreo, y el interés de la empresa madrileña Echevarría y Retana, por explotar ese aumento tan numeroso de aficionados, fue un coctel más que suculento que embriagó al Sr. Milá. Eso sí, la empresa madrileña puso una condición, aumentar el aforo de mi regazo, creando con ello la primera plaza monumental en aforo y en nombre.

Que ilusión y que alegría invadió todo mi ser, cuando me dieron la noticia de la reforma de ampliación. Recuerdo que cuando las firmas hicieron el proyecto oficial, aquella noche invernal mis mejillas se mantuvieron húmedas toda la noche, mis ojos fueron un mar de lágrimas que compartí con las que derramaron mis dos hermanas.

De la mano del arquitecto Ignasi Mas Morell y con la colaboración del arquitecto Domingo Sugrañes (quien fuera mano derecha del insigne Antoni Gaudí), mi imagen fue tomando perfiles épicos, mezcla de mudéjar y bizantino, con toques modernistas catalanes muy del gusto de la época. Claro, que las obras de reformas, dejaron mi actividad taurómaca paralizada durante todo 1915.

Así que con menos de un año de vida, mi existencia dio un cambio radical. Mi juventud coqueta y presumida, tuvo que refinar sus modales y entrar en aceleradas clases de protocolo, para estar a la altura de La Gran Dama en la que estaba a punto convertirme, un título de alta alcurnia, que me coronaba muy por encima de las demás plazas que existían en el orbe taurino por aquellas fechas.

Extracto del Diario Perdido de La Gran Dama, localizado por José Luis Cantos Torres.

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de joseluiscantostorres

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